jueves, 17 de abril de 2014

De las obras de Gabriel García Márquez



“Amaranta se sintió tan incómoda con su dicción viciosa, y con su hábito de usar un eufemismo para designar cada cosa, que siempre hablaba delante de ella en jerigonza”.
-       Esfetafa – decía – esfe defe lasfa quefe lesfe tifiefenenfe asfacofo afa sufu profopifiafa mifierfedafa.
(Gabriel García Márquez).

“El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”.  (Gabriel García Márquez).

“Y mientras tanto qué comemos”, preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía.
-       Dime, qué comemos.
-       El coronel necesitó setenta y cinco años – los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
-       Mierda.  (Gabriel García Márquez).

“Empezaban a desayunar empapado de sangre llevando en las manos el racimo de sus entrañas. Poncho Lanao me dijo: “Lo que nunca pude olvidar fue el terrible olor a mierda”. (Gabriel García Márquez).

“Que se vayan a la mierda. Si alguna ventaja tenemos las viudas, es que no nos queda nadie que nos mande”.   (Gabriel García Márquez).

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.  (Gabriel García Márquez).

“El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”. 
(Gabriel García Márquez).
(El otoño del patriarca)


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